Guatemala

Los pescadores perdieron la paciencia cuando, en 2017, su lago de Izabal, se tiñó de rojo. La gremial de pescadores artesanales acusó a una minera de níquel por contaminación y bloqueó la carretera que lleva a la mina. Finalmente el Estado respondió: llegó la Policía y disolvió la manifestación, con el resultado de un pescador muerto, otro herido, dos aún encarcelados, otros cuatro ligados a proceso, y ninguna investigación rigurosa sobre la contaminación. Este es el último episodio de una saga de cincuenta años en el que un pueblo chico convive con una mina grande en un país en que el Estado casi siempre está ausente.

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